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La Madre María
El Templo

Días de conferencia.

Sección que envuelve al elemento picture y al parágrafo.

20 de Enero de 1968 - 20 de Enero de 2018. 50 años de prédica.

Días, horarios y dirección del templo.


Dirección: Alvear 1283, Ciudad de Luján, Provincia de Buenos Aires, República Argentina.


Primer y tercer Sábado, y segundo y cuarto Lunes de cada mes a las 16 horas.


Teléfono: (02323) 424052


Director Hermano Juan.


Sección que envuelve al elemento picture y al parágrafo.

Jesús, símbolo sagrado de nuestra religión.



Sermón de la Montaña.

Jesús se dispuso en seguida para el Sermón de la Montaña, en medio de una compacta muchedumbre.


Se sentó y sus discípulos, sentados como él, lo defendían en contra de los manifestantes demasiado entusiastas.


Las mujeres y los niños buscaron los primeros puestos, y la palabra del Maestro los autoriza a tomarlos. Los hombres, de pie, dominaban el centro de la asamblea, de manera que las palabras tenían que llegar a todos, y que el orden se demostraba como en una casa ordenada, que se preparaba para recibir huéspedes muy esperados.


La tarde era deliciosa; los semblantes se veían iluminados por los últimos rayos resplandecientes; los pechos se ensancharon con las primeras brisas de la noche y las emanaciones de la florida Naturaleza aumentaban los atractivos de aquella reunión.


Jesús estaba sonriente, sus miradas reposaban sobre miradas amigas; su palabra empezó ensayándose en introducir entre sus oyentes ideas de consuelo y esperanzas, recorriendo con el pensamiento el vasto campo de los favores divinos y de los deberes del hombre.


Dijo:


Amaos los unos a los otros y mi padre os amará.


Pedid a Dios lo que os haga falta y no dejéis jamás de entibiar vuestra confianza.


Aproximaos al que sufre y no le digáis que merece sus sufrimientos, procurad en cambio de aliviarlo. La verdadera caridad no mira hacia el pasado, fijándose tan sólo en el presente.


Cerrad vuestra alma a la tristeza y por grande que sea el rigor de vuestros enemigos, pensad en la recompensa que se os prometió si fuereis pacientes y misericordiosos.


La Tierra es un lugar de destierro para los que tienen derecho a una posición mejor. La Tierra es un lugar de purificación para la mayor parte; mas todos deben ayudarse para conocer el patrocinio de la fraternidad y el principio del amor universal.


La libertad de muchos tiene lugar mediante el amor; el egoísta será castigado y mucho se le perdonará al que mucho habrá amado.


Honrad la virtud, desenmascarad al vicio; mas perdonad a los que os hayan ofendido, para que a vosotros también se os perdone en la vida futura.


No envidiéis el puesto de honor. Los primeros serás los últimos y los últimos serán los primeros en la casa de mi padre; quien quiera que se ensalce será humillado y tan sólo el humilde será glorificado.


Id a la casa del pobre y abrazadlo como a vuestro hermano. Desdeñad las distinciones de las riquezas y mostraos superiores a la mala fortuna.


Empequeñeceos para hacer sobresalir a los demás, pero no imitéis a los hipócritas, que buscan los elogios con las apariencias de la modestia.


Felices los que lloran a causa de las injusticias de los hombres, porque la justicia de Dios los hará resplandecer.


Felices los que tienen el deseo de la vida eterna, porque ella los iluminará desde ahora. Felices los que tienen hambre y sed, porque ellos serán saciados. Felices los que comprenden y practican la palabra de Dios.


Aprended, amigos míos, a soportar la adversidad con coraje. Dios es la fuente de las alegrías del alma y el alma se eleva con las privaciones de los bienes temporales, buscando los dones de Dios con el desprendimiento de las ambiciones terrestres. Facilitad los dones de Dios con el desprendimiento de las ambiciones y orad con un corazón devorado por los deseos espirituales. Vuestro padre que está en los cielos, se encuentra también entre vosotros, escucha vuestra oración y acogerá vuestro pedido; él está de acuerdo con lo que debéis a Dios y a los hombres.


Yo os lo digo, ni siquiera un cabello cae de vuestras cabezas, sin la voluntad del Padre Celeste y la Divina Providencia que alimenta las avecillas. Jamás os abandonará, si tenéis fe y amor.


Os lo vuelvo a decir: el poder de Dios se manifiesta en las cosas más pequeñas, como en las más grandes, y su mirada penetra vuestro pensamiento en el mismo momento que recorre la inmensidad de la Creación.


La palabra de Dios será desparramada sobre toda la tierra. Los que la busquen la encontrarán, porque la tierra está destinada a progresar por medio de la palabra de Dios a la que todos tienen derecho.


Id, pues, mis fieles, dirigíos a la yerba en flor, paced mis corderos. La yerba volverá a florecer eternamente por cuanto la ley de Dios dice que el espíritu es inmortal.


La presente generación será la luz, para la que le siga.


Los hombres de este tiempo, verán el reino de Dios; porque el hombre tiene que renacer y la Tierra debe recibir aún la semilla de la palabra de Dios.


Honrad mis demostraciones, llevando a la práctica lo que os digo y no preguntándome cosas que vosotros no podéis comprender.


Permaneced prendidos con firmeza, de estos dos mandamientos: el amor hacia Dios, el amor hacia los hombres.


En ellos se encuentra toda ley y todos los Profetas.


Hermanos míos, la doctrina de Jesús es hoy la misma que predicó en la montaña. Todos los que no ponen en práctica, el amor y la fraternidad, no son discípulos del Mesías.


Acostumbraos a comprender la extensión y la aplicación de la fe, del amor, de la solidaridad, de la justicia y de la dulzura para que la gracia de las emanaciones espirituales descienda sobre vosotros.


Hombres de todas las religiones humanas, de todos los pueblos, de todas las clases, vosotros sois todos hijos de una sola patria y la leche de un mismo seno debe amamantaros a todos.


Hombres de todas las religiones, de todos los pueblos, de todas las clases, vosotros sois todos hermanos y los más ricos en bienes temporales, los más sanos de cuerpo y de espíritu, los más iluminados deben albergar a los pobres, curar a los enfermos, sostener a los débiles, instruir a los ignorantes.


Iniciaos los unos a los otros en los conocimientos de la igualdad primitiva y de la igualdad futura, que proporciona al espíritu el sentimiento de humildad y la conciencia respecto de sus propias fuerzas para sufrir los efectos de una desigualdad pasajera y para no enorgullecerse de un encumbramiento también pasajero.


Adorad a Dios en espíritu y en verdad, pedid y se os dará; llamad y se os abrirá. Luchad en contra de emanaciones groseras. Libertad vuestra alma de las pasiones humanas y aguardad el porvenir; él está lleno de promesas.


Entregad a la ciencia de Dios, la aplicación de vuestros espíritus. Aprended la palabra de vida y enjugad las lágrimas con esa palabra. Desprendeos de todo rigor y aún de la frialdad en vuestras demostraciones; aproximaos a todo infortunio, cualquiera sea su origen y atraed hacia vosotros tanto la confianza del delincuente cuanto la curiosidad del malvado y la gratitud del afligido.


Calmad los clamores de vuestra conciencia con la reparación del fraude y de la injuria. Esperad el perdón de Dios purificándonos con el arrepentimiento.


Elevaos marchando por el sendero de la virtud, vosotros que habías desechado los hábitos del hombre viejo, aproximaos a la luz, vosotros que habéis comprendido la vaciedad que el espíritu encuentra en medio de los errores.


Aliaos conmigo vosotros que sentís que soy yo quien os habla aquí. Marchemos hacia la gloria de haber fundado la Religión Universal sobre la Tierra y de haber hecho penetrar en el espíritu humano el desprecio hacia la muerte corporal con la esperanza divina de los bienes eternos.


Honremos, hermanos míos, el fin de este discurso con una invocación de nuestros espíritus al Espíritu Creador y detengámonos en el recogimiento y en la adoración de nuestras almas.


Dios nos bendecirá juntos, si os eleváis a las alturas de la gracia, y si prestáis fe a mis palabras, Dios os dará fuerzas si oraís con fervor y si practicáis el amor.


Dios del Universo, padre nuestro, misericordioso y todopoderoso, haz descender la luz de tus miradas, sobre de tus hijos. Haz descender sobre sus espíritus, la gloria, la grandeza, las perfecciones de tu naturaleza; para que ellos se inclinen ante tus decretos y que gocen de la esperanza en medio de las pruebas y de los dolores humanos. A todos proporciónales la tranquilidad y el perdón. Prodígales a todos la abundancia de los consuelos. ¡Que tu justicia ilumine de más en más el don de las alianzas fraternas y que tu misericordia baje a socorrer a los desviados!


¡Avergoncémonos de la idolatría! ¡Nosotros queremos adorar a un solo Dios. Avergoncémonos del egoísmo. Nosotros queremos sacrificarnos cada uno para todos y todos para con el deber! ¡Avergoncémonos del apego a los bienes perecederos! Queremos vivir en el cumplimiento de la justicia y amontonando tesoros para la vida futura. ¡Avergoncémonos del odio, nosotros queremos amarnos, ayudarnos y respetar las obras de Dios. ¡Hagámonos fuerte en contra de los instintos de la animalidad!¡Vivamos sobriamente en el seno de las riquezas de Dios y honradamente en el amor dictado por la naturaleza material.


Sublevémonos en contra de la servidumbre del pensamiento y de la esclavitud del espíritu!


Queremos luchar en favor de la emancipación y del progreso, en favor de la alianza universal de los pueblos y de la marcha de la humanidad hacia Dios.


¡Haz pues, oh Señor, que el poder de tus espíritus de luz, baje hacia nosotros!

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